De sonrisa infinita. Así es ella. No sabría que hacer si no estuviera siempre junto a mí. Pues es mi conciencia, y mi razón. Ella tiene la llave de la caja fuerte de todas mis pequeñas ilusiones, de todas mis confesiones, de todas mis manías y secretos. Entiende mis emociones, mis gestos y mis miradas. Le basta con mirarme para saber lo que pienso, como me siento y lo que necesito. Y lo único que necesito es a ella. Pero para siempre.
Es fuerte por fuera, y fuerte por dentro. Pero nadie es de piedra. Ella sufre, como todos. Ella llora, aunque tú no lo veas. Y eso no me gusta. No me gusta ver sus lágrimas caer hacia el suelo, como si su cara, nubes en el cielo fuese. Gota a gota. Un pequeño diluvio. Por suerte, el chaparrón ha cesado. Y ahora llega su sonrisa, más brillante que el arco-iris. Pero que no se preocupe. Todos tenemos miedo. Nadie quiere tormenta. Por muy fuertes que los truenos suenen, siempre podrá coger mi mano y apretarla fuerte. Apretarla tan fuerte como quiera y pueda, porque nunca se la soltaré. Nunca.